Jubilación sin júbilo
Cuando lo que debería ser un descanso
se convierte en una carga…
Para Luis, una vida solitaria. Para Milagros, la lucha contra un sistema que no los tiene en cuenta. Para Dante, los abandonados de la sociedad. Para la mayoría de ellos, la etapa que debería ofrecerles descanso pero termina siendo una odisea. Éstas son las múltiples definiciones que dan a la jubilación los retirados del sistema laboral.
En una civilización repleta de egoísmo, donde cada uno corre tras sus intereses
sin mirar al costado, los ancianos quedan relegados a la última hilera de la formación.
La escoba de Don Branda una y otra vez acaricia la vereda. Como todas las mañanas desde que falleció su esposa, Luis se levanta temprano para realizar las tareas domésticas. Aunque todo el barrio sabe que lo hace a modo de rutina, porque está solo y no tiene mucho que limpiar. Según Luis, la clave para vivir sin quedarse en los recuerdos, es trabajar. “Uno no se puede quedar quieto”, dice; criticando a los que dejan que la vida les gane la pulseada.
Su living recuerda al típico hogar de “nuestros abuelos”: mezcla de olor a limpiamuebles y mermelada casera, portarretratos con fotos color sepia, que certifican su antigüedad, platitos de cerámica china colgados de la pared y sillones de cuerina con grandes almohadones de lona. En el centro, una mesa ratonera cubierta con la carpeta a crochet, y a su lado la lámpara de pie.
Luis se levanta cuando despunta el alba. Durante la charla ha resaltado que al hombre disciplinado y trabajador le va bien. Es lo que trata de hacer desde que se jubiló, a pesar de sus 92 años (que lleva con toda dignidad).
Su principio de vida se refleja en su accionar: palabras serenas pero declaraciones firmes, muestran a un hombre de emociones golpeadas.
Desde niño, la vida como hijo de inmigrantes le enseñó a lucharla desde abajo. Luego, el ejército completó su entrenamiento. Para las fuerzas y para la vida. El cargo que obtuvo como Mayor en la escuela de suboficiales, parece haberlo ganado más por su intachable moral que por su perfecto desempeño en las tareas militares. Sabe muy bien lo que piensa, y también lo que quiere. Lo revela su mirada profunda y sus ojos transparentes. Esos ojos que demuestran haber visto lo que su boca cuenta. Esos ojos que sólo se iluminan, y hasta se vuelven vidriosos, cuando Luis la recuerda a ella: a Nelly, a su mujer, al amor de su vida, a la madre de sus hijos; a quien lo dejó sin media vida, cuando falleció, diez años atrás.
Además de su mirada, sus manos dicen quién es Luis. Pareciera que cada arruga cuenta una experiencia de su vida, un dolor, un éxito, un fracaso. La suma de esas arrugas habla más que sus palabras. Acompaña cada declaración con un gesto. Su boca, sus ojos y sus manos comunican el mismo mensaje: la importancia que le da a la honestidad. Con sus virtudes y defectos, Don Branda es lo que es, y no tiene vergüenza de mostrarlo.
A pesar de su soledad, nunca está desarreglado. No sale de casa sin el pantalón de sarga verde y su rompe vientos negro. Delgado, alto, nariz prominente y amplios bigotes; el estereotipo de un militar retirado. Pero, basta cruzarse con él en la calle o en el almacén de la esquina a la hora de las compras, para conocer a uno de los hombres más humanitarios de esta sociedad. Lo demuestra su constante ofrecimiento de ayuda, la sonrisa que otorga a los niños y su tarea de guardia ad honorem cuando los vecinos salen y deben dejar sola la casa. Es un hombre sensible, que confía en las personas honradas y detesta a las egoístas. Está claro que hace suyas las palabras del cuadro que cuelga en su sala: “¿Qué hace falta para tener felicidad en la existencia? Tranquilidad en el alma, y paz en la conciencia”.
Jubilare… muy lejos de la realidad
Luis es un jubilado más de nuestra sociedad. También uno más que sufre las desgracias de los retirados.
Ahora, dígame usted. Sí, usted que está leyendo este artículo ¿Sabe lo que significa el término jubilación? ¿Por qué no vamos juntos hasta el diccionario y lo averiguamos? Según la RAE (Real Academia Española), Jubilación es la finalización de la etapa laboral de una persona.
Bien, hasta aquí vamos muy bien. Esta consigna se cumple perfectamente en nuestro entorno. Llamamos jubilado a la persona que no trabaja más; que lo hizo en algún momento (durante toda su vida o en alguna etapa de ella), pero que ya cesó esa actividad.
Ahora, terminemos de leer el concepto. El término jubilación proviene de la palabra jubilare en latín, que significa júbilo, o lanzar gritos de alegría. Parece que aquí se nos presenta un problema. ¿Cuántos jubilados encontró últimamente en la cola del Banco, esperando cobrar sus escasos pesos de pensión, lanzando gritos de júbilo? O ¿cuántos descubrió desbordando de alegría en la sala de espera del hospital, aguardando para que su médico de cabecera controle un estudio, que para conseguirlo debió realizar 20 trámites burocráticos? ¿Encontró algún jubilado que no podía contener la felicidad cuando subió a un colectivo y nadie le dio el asiento?, ¿cuando asistió a un cine y los jóvenes buscaron un lugar lejos de él?, ¿cuando fue a votar y la presidenta de mesa le recordó que ya no tenía obligación de hacerlo?, ¿cuándo se inscribió a un gimnasio y le recomendaron que contrate un “Personal Trainer”?
Para Luis, el problema comienza en el núcleo familiar. “La familia misma discrimina al anciano porque ya no hace nada, ya no sirve, molesta”, asegura.
Dante cree que la sociedad es la culpable. “Ellos piensan que el retirado cumplió su ciclo, entonces tiene que entregar el rosquete”.
En cambio, para Milagros la cosa va un poco más allá. Además de la familia y la sociedad, hay un problema personal, vinculado a los cambios financieros en la vida del adulto mayor. Lo que le resulta más duro es que el jubilado tiene un límite bien marcado. “Tiene que acostumbrarse a manejarse con lo que tiene, no es lo mismo que estar en actividad”.
Y las afirmaciones de Mili tienen su fundamento en la realidad de los jubilados argentinos. El diario digital “El Periódico de Tucumán” informa que, para que un jubilado cobre un salario digno, que cubra la canasta básica total que ronda los $ 2.000, se necesitan los aportes de tres personas que se encuentren actualmente trabajando. “El problema es que la relación hoy en día es de 1,5 activos por cada pasivo. Esto significa que apenas se puede cubrir la mitad de la jubilación y el resto debe ser cubierto con fondos de otro origen, como los impuestos”, afirma el periódico.
El Congreso de la Nación aún debate si será ventajoso aplicar el famoso 82% móvil. Algunos creen que si se paga este importe el Estado entra en quiebra. Otros aseguran que su aplicación es factible, y otros proponen poner en práctica esta medida sólo con las jubilaciones mínimas, lo que abarcaría al 80% de los jubilados argentinos.
Dante y Milagros llevan casi 40 años de casados. En el escritorio del living están las fotos de sus hijos, que ya no viven allí. Mucho silencio. Hace unos años este hogar estaba cargado de las aventuras y picardías de sus tres varoncitos. Ahora, los tres están casados y viven lejos de casa: uno en Buenos Aires y dos en Comodoro Rivadavia. La distancia les impide visitarlos seguido. Así que, Mili y Toto tuvieron que ponerse al tanto de las nuevas tecnologías y compraron una computadora. La miran con cariño, es el único medio que los vincula con sus hijos. El retiro laboral y la ausencia de “los chicos” marcaron fuertemente su matrimonio. Quizás el más afectado fue Dante quien, al momento, está atravesando una profunda depresión.
Aunque les costó un poco recordar su época de actividad laboral, quitaron el polvo del baúl de los recuerdos y compartieron sus vivencias.
Comparando su situación actual con aquella época, Milagros comenta: “estando en actividad tenés una inserción en la sociedad totalmente distinta a la del jubilado. Nada que ver una cosa con la otra. Y siendo jubilado uno mismo se aísla. Yo me aislé. Puede ser por falta de medios económicos o porque a uno no le gusta molestar en otro lado”.
Pero existió una época en la que el jubilado tenía una vida más digna. Incluso, en 1900 aún no había nacido el régimen jubilatorio, pero las personas se las podían arreglar para vivir en paz. Al menos, eso es lo que recuerda Luis. En ese tiempo, afirma mirando para arriba como evocando aquellos años, “no había aportes, para nada. Ni para mi papá ni para nadie. Se vivía a lo indio nomás.”
Cuando el sistema de jubilaciones comenzó en el 46, con la iniciativa de Perón, las condiciones aún eran favorables para los retirados. Luis comenta que era un privilegio trabajar en blanco, razón por la cual se adhirió a las FFAA. A él no le gustaba ese trabajo, pero afirma: “de acuerdo a como estaba la situación del país yo tomé la decisión. Ahí tenías cobertura social, tenías seguro de sueldo, mucho futuro”.
Hoy, la realidad es completamente diferente. En Argentina existen casi 6 millones de jubilados; y el 76 por ciento de ellos gana 690 pesos, con lo que cubre sólo el 30 por ciento de sus necesidades básicas; afirma el defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semimo .
Cambio de actividades: “Fue la noche y el día”
Luis, Mili y Dante tienen algo en común. Están convencidos de que la vida social de una persona adulta se modifica radicalmente cuando se retira de la actividad laboral. Y que en el trabajo se generan lazos sociales que facilitan la realización de muchas actividades, que luego se abandonan en la etapa de la jubilación. Muchas veces, por no tener con quién compartirlas.

Don Branda comenta que tenía muy buenos compañeros de trabajo. Con ellos y sus familias compartía bailes, carnavales, deportes. Hacían chistes, y cada tanto organizaban “un asadito”. “En fin -dice- todas esas cosas que te ayudan a vivir”.
Josefina Orellano, o Mili, como la llaman en el barrio, tiene otra perspectiva. Con su cabello recogido hacia atrás deja descubierto unos grandes ojos negros y el rostro regordete. Aunque su tez morena disimula los 68 años recién cumplidos, no lo hacen el chaleco de lana que viste, y algunas arrugas que comienzan a asomar.
Para ella, “el viejo envejece cuando se junta con otro viejo”. Al respecto expresa: “a mí, particularmente, no me gusta ir donde hay gente que es mucho más vieja que yo. Es que la gente joven te incentiva a seguir viviendo”.
Pero además, apoya la opinión de Don Branda en relación a la diferencia entre las actividades del entorno laboral y fuera del mismo. “Vos, estando en actividad necesitabas plata y hacías horas extra, te las pagaban y tenían un remanente, digamos. Podías salir de vacaciones. Nosotros siempre hemos salido con nuestros hijos, todos juntos. Posiblemente ahora hay lugares, centros de jubilados donde vos podés hacer viajes pero…” Está claro que para ella ya no es lo mismo.
Según Mili, su esposo fue el que más lo sintió (quizás porque trabajó muchos años y su vinculación con el ámbito laboral fue mayor). Mientras él la mira con sus tristes ojos color cielo, Mili comenta la situación de Dante luego del retiro. “Cuando dejó de trabajar fue tremendo para toda la familia, porque no se ubicaba en el tiempo y el movimiento de la casa. Entonces, casi estuvimos por separarnos. Porque a él le dijeron: usted cumple 60 años ahora y se jubila ya. Pero todavía tenía para trabajar 5 años más tranquilamente”.
Ambos comentan que su vida social cambió rotundamente en ese momento. “En el trabajo tenía un montón de amigos. Teníamos el equipo de mate para 4 o 5, los más íntimos. Había un recreo para comer de 45 minutos. Entonces se charlaba lindo. Se hacían lindos asaditos afuera de la fábrica el día domingo”, cuenta Dante. Además, recuerda que sus hijos participaban de campamentos que organizaba el SMATA (trabajaba en la compañía Renault); y que tenían hoteles con descuento para las vacaciones.
“La pasábamos bastante bien, a Dios gracias. Y después, cuando uno se jubila cambia todo. Fue la noche y el día. Porque primero y principal vos estás acostumbrado a una forma de vida y a una forma de ser, que tenés que trabajar y todo eso. La gente empieza a discriminar. Te empieza a decir viejo. Y yo pienso que a los 60 años todavía puedo trabajar”.
Por momentos, Dante se recrimina por las decisiones que tomó cuando se jubiló. Asegura que si pudiese volver el tiempo atrás pondría un negocio, para capitalizar el dinero de la jubilación y mantenerse activo. Porque para él dejar de trabajar es “una ruptura total”. Y considera que lo es en mayor medida para el hombre. “De un día para el otro no hacés nada. Yo viví seis o siete meses fuera de foco, porque uno se acostumbra a cierta y determinada actividad… al estándar de vida. Aparte de eso, tiene uno en qué ocupar el tiempo”. Mili asiente con la cabeza cuando Dante habla, luego aporta: “y ahora, en el tiempo libre dormimos. Yo antes me levantaba temprano. Ahora qué me voy a levantar temprano si tengo todo ordenado, nadie me desacomoda”.
No produce = no sirve = molesta: la mirada de la sociedad
No sólo las actividades y los compañeros sociales se modifican cuando una persona se jubila. La sociedad en general tiene una mirada diferente del trabajador y del jubilado. El jubilado no trabaja porque está viejo, porque ya no lo puede hacer; y no porque trabajó tanto que se merece descansar, como debería ser.
Conversando de este tema, Don Branda tararea una canción en italiano que aprendió de niño; y que para él describe la imagen que la sociedad tiene del jubilado: “hubiese muerto tata e no le chucho, le chucho papaba liño, el tata no no”. “Claro -explica Luis- la canción dice que hubiese muerto el viejo, porque el burro al menos cargaba leña, al tata lo tenían sentado en un rincón, pobre”.
Don Branda cree que la familia discrimina al jubilado porque “ya no hace nada, no te sirve, te molesta”. Porque un viejo molesta, dice Luis. “Por eso, mi hijo y mi hija saben que cuando yo quede mal, quiero ir a un geriátrico. Yo no quiero molestar a mis hijos”.
"Escuchame -aporta Dante-, vos subís a un colectivo, y para que te den un asiento tenés que sacar la lotería. Y chicas jóvenes eh…"
“Ellos piensan que el retirado cumplió su ciclo entonces tiene que entregar el rosquete. En realidad no importa que tengás 70, 80 años, porque podés morir a los 40 también y estar jubilado por invalidez. Pero eso ya es un mito que tiene la sociedad. Por ahí no falta quién te dice: eh, correte viejo diablo. O, qué andás haciendo, andá a lavar los platos”.
Para Milagros el problema pasa más por la indiferencia, falta de acción y desprotección del Estado. Ella no puede jubilarse porque no tiene completos sus años de aporte. “Si necesitás ir al Anses, tenés que ir a las seis de la mañana para conseguir número. Un viejo a esa hora se agarra una gripe, y después que no te explican nada, te tienen como maleta de locos, de una oficina a la otra”. El Pami (obra social de los jubilados), agrega, “es una burocracia total". “Cuando vos estás en actividad tenés una obra social que realmente responde a tus necesidades, cuando estás jubilado responde de acuerdo a sus tiempos. Y siempre y cuando te toque un buen profesional, porque cuando vas a un médico necesitás que te atienda, y que te escuche, y que te dé las explicaciones necesarias”.
Dante agrega: “le dan muy poca corte a la gente jubilada. Ya sea el gobierno, las obras sociales y todas las entidades públicas”.
Milagros no puede creer cómo nuestra sociedad trata a los jubilados. “Yo veo en otra sociedad, como la japonesa o la china, que veneran a los ancianos. En cambio en la occidental lo marginan”.
¿A quién reclamar una solución?
Esta es la realidad. Ahora bien, ¿quién se pone el poncho? A veces da la impresión de que a nadie le queda. Ninguno quiere hacerse responsable del sufrimiento del jubilado. El gobierno mira para otro lado, las medidas de las ONG se quedan en proyectos, o en simples ayudas “tapa-hoyos”, y la sociedad espera que “alguien” (siempre el otro, nunca yo) se haga cargo.
Pero usted no es sólo un ciudadano más. Usted es hijo, vecino, hermano, amigo de un jubilado, usted un día será jubilado. Por lo tanto, el poncho es de su tamaño. No importa si le queda mejor al gobierno o a una organización social. A usted le queda, y no puede desentenderse de ello. Entonces, ¿puede hacer algo para transformar esta realidad social del anciano?, ¿puede contribuir para que el mismo continúe teniendo actividades sociales, a pesar de su retiro laboral?, ¿puede incluirlo en los proyectos familiares, barriales, municipales?, ¿puede organizar actividades similares a las que compartía con los compañeros del trabajo? Claro que puede.
En este sentido, la psicóloga Graciela Booth enfatiza sobre la importancia de apoyar al adulto mayor, principalmente en lo referente a su red social de relaciones: “es importante el mantenimiento de los vínculos con los amigos y compañeros del estudio o del barrio, las asistencia a centros de jubilados donde puedan socializar y realizar talleres, las tareas de voluntariado si les gustan, la concreción de alguna actividad postergada. Todo lo que implique un espacio de recreación o reflexión con los pares brinda la posibilidad de desenvolverse mejor en sus actividades cotidianas, en su independencia y autovalidez, lo que no sólo es favorable para el anciano sino para todo el grupo familiar”.

“En el caso de que existan enfermedades que impidan al anciano desplazarse, se puede echar mano a la atención a domicilio. En este punto hay que tener presente que un asistente o acompañante no debe ocuparse de atender al anciano con el objetivo de aislarlo o “sacárselo de encima a la familia” sino por el contrario, y dentro de las limitaciones y las indicaciones médicas, estimularlo para que tenga una vida lo más activa posible. Vivir más y mejor, más que un anhelo es un derecho”.
Entonces, lo único que hace falta es que usted comprenda que también es su responsabilidad; que si espera un cambio debe generarlo, y que el hecho de que usted hoy no sea jubilado no implica que no tenga nada que ver con ellos. Reclame al gobierno y a las ONG, pero no se quede en ello. Usted puede ayudar a revertir la situación. El jubilado que tiene a su lado espera eso de usted. Algún día usted esperará lo mismo del joven más cercano.
Polémico 10
Por su trascendencia internacional podría ser embajador. Por su poder, gobernante. Por su popularidad, artista de Hollywood. Por lo escandaloso, vedette. Por su físico, el gordito que llega primero a las cenas. Por sus vicios, un niño caprichoso. Pero por su talento, un genio.
Se escribieron más de cuatro libros en su honor. Al menos diez cantantes crearon una canción para él. Tiene miles de fans. Hizo una película, gravó un CD, protagonizó una historieta y un programa de TV. Existen más de veinte sitios Web que sólo hablan de él.
Enamoró a muchas mujeres, pero dice que sólo amó a tres: su ex esposa y sus dos hijas. Sin embargo, en su haber oficial también figuran: un hijo ilegítimo y varias amantes.
Muchas veces dividió al país en dos: a su favor o en su contra. Lo amaron tanto como lo odiaron. Incursionó en todos los ámbitos: en los medios, en la política, en el arte, en los negocios. La adicción a la droga lo obligó a internarse en las mejores clínicas del país y del extranjero. Muchos dicen que antes de nacer, en lugar de la panza, pateaba la pelota. Sea como fuere, el quinto hijo de Diego y Dalma, Diego Armando Maradona, decidió presentarse al mundo el 30 de octubre de 1960 en Villa Fiorito, Lanús. Buenos Aires.
En 1970 un niño de 10 años, de estatura normal pero con piernas y sueños sobrenaturales, se prueba en el club de fútbol Cebollitas. El resultado: 136 partidos invictos.
1976. Rulos prominentes, botines gastados, sabor de victoria y hambre de más; reflejan ahora a un adolescente de 16 años debutando en primera división. En 1979, su fama lo vuelve popular. Cuerpo trabajado, técnicas perfeccionadas: la fórmula de la gloria. Juega la copa juvenil en Japón, y Argentina gana gracias a un gol de él. En el 81 entra a Boca Juniors y consigue el título Metropolitano. Se va al Barcelona.
En el 84 lo ficha el Nápoli, dónde juega hasta el 91. Gracias a él consiguen dos Scudetto y la copa de la UEFA. Claudia, su esposa, se va cansando de vivir la verdadera vida de Diego, y de saber que existen muchas más. En 1986 Argentina es campeón en México, gracias a los dos goles que convierte el 10 frente a Inglaterra. Uno de ellos, el famoso “la mano de Dios”. En el 90 salen subcampeones en Italia. El rostro de Diego recorre el mundo. Tan famoso como polémico, es tapa de diarios, musa de caricaturas, blanco de fotógrafos. Se va a España y juega en el Sevilla hasta el 93. Pero ese niño del Cebollitas va perdiendo su inocencia. Su rostro es una paradoja: una amplia sonrisa que muestra la gloria en el fútbol, una mirada triste que esconde su derrota frente a la droga. Gana con la pelota, pierde con la coca.
Labios gruesos, cejas amplias, mirada profunda. Desaparecen los rulos, aparecen las arrugas. Vuelve a Argentina, y en el 93 juega en Newell’s Old Boys. Al año siguiente llega el mundial de EEUU y Diego juega nuevamente con la selección. Pero otra vez, su blanca amante secreta aparece en escena. Y el 10 debe retirarse en el segundo partido, gracias a un nuevo antidoping positivo.
Deja el fútbol por un tiempo. Las consecuencias quedan a la vista: barba y barriga crecen de manera paralela. En el 94 es técnico del Mandiyú de Corrientes. En el 95, de Racing.
Vuelve a jugar en Boca por tres años. Los constantes trastornos de personalidad se reflejan en el look de su pelo: una franja dorada, un corte militar, gorrita para atrás, toda la cabellera pintada de amarillo. Finalmente, la droga puede más que él. Con 692 partidos jugados, 352 goles, 10 títulos y nombrado cinco veces máximo goleador; se retira del fútbol el día de su cumpleaños número 37.
Durante los 10 años siguientes, el Diego fue más un mito que una realidad. En la cancha, un lindo recuerdo. Su físico, irreconocible. La cara desfigurada por la gordura y el efecto de la droga se asemejaba a esa pelota que siempre pateó. Ahora la vida lo pateaba a él. En el 2000 debe internarse en Cuba para recuperar su salud. Se divorcia en el 2003. A partir de allí, obeso y enfermo, se dedica a recibir honores: el Nápoli retira la camiseta 10 del plantel en su memoria, se juega un partido en su homenaje, la FIFA lo declara mejor futbolista del siglo, visita programas de TV. Más adelante, comienza un plan de rehabilitación y se opera para bajar de peso.

Un día, Argentina volvió a reconocer a su Diego de siempre. Se presentó en un programa de Susana Giménez, recuperado de las drogas y con buena salud. A fines del 2008 la AFA (Asociación de Fútbol Argentina) lo elige como técnico de la selección argentina. El cebollita del 70 sigue siendo un hito. Podemos discutir sobre su personalidad, sus vicios y sus malas costumbres; pero su talento no se discute. Ni en Argentina, ni en los tantos países dónde jugó y vivió. Que surgieron otros, seguro. Pero ninguno como él. El polémico 10 no se puede comparar. Las alegrías que le dio al pueblo hicieron que éste perdone sus errores. Como dice la canción que el cantante Rodrigo escribió en su honor: “(…) y todo el pueblo cantó: "Maradó, Maradó" (…). Sembró alegría en el pueblo, regó de gloria este suelo (...)”
Oficio Callejero
Esta mañana tenía que hacer unos trámites en el centro. Así que, me dispuse a salir temprano para no toparme con el tránsito. Pero, en la esquina de Illía e Yrigoyen me detiene el semáforo. Esta es la esquina de los limpiavidrios. Cruzo los dedos para que no “ensucien” mi parabrisas; y trato de buscar una excusa rápida para evitarlos, del estilo: “no tengo monedas hoy”. Eso alcanzará para quitármelos de encima.
Salteado el primer obstáculo, me dispongo a estacionar el auto cuando un naranjita (así se les llama en Córdoba a los cuida coches) se ofrece para cuidarlo. No lo puedo esquivar como a los limpiavidrios. Así que, de mala gana, acepto. Mientras, elaboro mi plan para huir cuando regrese: subiré sin que me vea y saldré rápido; de manera que no tenga tiempo para alcanzarme y reclamar su pago.
Mientras camino hasta el banco, se cruza en mi apurado paso un vendedor de “La Luciérnaga” (revista que producen y venden los chicos de la calle). Considero que dos pesos es una suma muy elevada para una revista de cinco pliegos. Entonces… decido hacerme la distraída cuando paso a su lado.
Continúo caminando y encuentro una estatua humana disfrazada de ángel. Está bien, lo reconozco: se nota que puso empeño en el vestuario y el maquillaje. Pero, estoy lo suficientemente apurada como para observar qué pirueta se le ocurre realizar cuando deposito una moneda en su cacharro. Y obviamente, no voy a pagar sin obtener un servicio a cambio.
Más adelante: proyectos de músicos “a la gorra” tocando el tambor y cantando una chacarera. Considero que la música debe ser un deleite para el oído, y “esto” no es más que un rompedero de tímpanos. Por lo tanto no se “merecen” mi aporte monetario.
Si a alguno le interesa saber, tengo mis razones para pensar de esta manera. ¡Y vaya si son de peso! Pero una voz del más allá se empecinó en plantearme los interrogantes que siguen a cada argumento.
- Los chicos limpiavidrios son explotados por empresas invisibles bien organizadas. ¿A vos no te explotan en tu trabajo, y tus jefes ni siquiera están organizados?
- Bueno, pero limpian mal los vidrios. ¿Te fijaste como los limpian los empleados municipales?
- Está bien, pero usan ese dinero para comprar alcohol y droga. ¿Lo comprobaste personalmente o es un “vox populi” de fuente anónima?
- Aunque lo utilizasen para algo bueno, roban además de trabajar. ¿Me podrías decir si alguno de ellos te robó?
- Suponiendo que no roben, es injusto. Ganan con eso lo que yo gano como profesional. ¿Cuál es tu problema: que ellos ganen mucho o que vos no ganes más?
- Son trabajos inventados. En verdad, nadie necesita ese tipo de servicios. Los crean para ganar algo de dinero. ¿Preferís que sólo te pidan?
- Puede que tengas razón vos molesta. Pero, al fin y al cabo, con una moneda no lo ayudo en nada. Si quisiera ayudarlo de verdad debería hacer algo importante por él. ¿Qué esperás para hacerlo?
Y la voz extraña se despidió de mi, citando a Emily Dickinson: “Si logro impedir que un corazón se rompa, no habré vivido en vano, si logro aplacar un dolor o aliviar una pena o ayudar a un pájaro agotado a llegar al nido, no habré vivido en vano (…).
Pero si en ese largo día, a nadie han alegrado tus palabras, si nada encuentras entre las acciones de ese día que llevara al sol a ningún rostro, ningún ínfimo acto que ayudara a ningún alma a ningún precio, considera que ese día está perdido”.
Racionalmente irracionales
No vayan a pensar que deliro con ese juego de palabras. La idea es reflexionar sobre la justificación racional que a veces damos a nuestros actos irracionales. Sobre el sentido que le otorgamos a las cosas sin sentido, sobre nuestra lógica de enunciados ilógicos, sobre los argumentos de discursos insostenibles.
El nombre científico (del hombre), asignado por Linneo en 1758,[] alude al rasgo biológico más característico: sapiens significa "sabio" o "capaz de conocer", y se refiere a la consideración del hombre como «animal racional», al contrario que todas las otras especies. Es precisamente la capacidad del ser humano de realizar operaciones conceptuales y simbólicas muy complejas, uno de sus rasgos más destacados. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Humano

Pero a veces, cuando observo como los seres humanos actuamos en determinadas circunstancias, pienso que la ciencia se olvidó de algún detalle. O que el hecho de que todos pensemos igual en relación a determinados temas, legitima ese pensamiento como lo más “normal” del mundo. Pero si los animales pudiesen hablar creo que nos daríamos cuenta que, en algunas ocasiones, ellos parecen más pensantes que nosotros. Disculpen si soy demasiado agresiva, pero déjenme ilustrarles lo que digo con algunos ejemplos (no voy a ofenderme si no piensan igual que yo. Después de todo, además de la racionalidad, nos caracteriza la libertad de pensamiento).
Estos ejemplos no parecen tener ninguna relación a simple vista. Pero si miran en el fondo de ellos (lástima que la nota no está en formato 3D, sería más fácil ver “el fondo”), encontrarán el común denominador: actos sin sentido que la mayoría realizamos, sin preguntarnos ni siquiera el porqué.
Aclaro algo antes: probablemente, muchos se sientan identificados con algunas de estas actitudes. Por eso escribo en primera persona, también estoy involucrada (ni pienso decirles en cual de los items). La idea es que nos auto critiquemos y riamos un poco de nosotros mismos.
Cumpleaños de un año: a ver… ¿realmente creemos que los nenes de un año, entienden algo de su primer cumpleaños? Yo pienso sinceramente que son los padres los que quieren festejar, y usan al niño de excusa. Las razones pueden ser varias: se sienten viejos para celebrar su propio cumpleaños, quieren quedar bien con las amistades, etc. Pero cuando traen la torta, me imagino al nene pensando: “que papilla tan grande tenemos hoy”. Cuando le cantan el feliz cumpleaños debe preguntarse: ¿porque grita tanto toda esta gente? Y cuando prenden la velita los padres se sorprenden de que el chico llore. Como para no, si no entiende para que sirve esa luz rara que si la toca se quema.
Los velorios: siempre digo que los mejores rubros para realizar negocios son: “el gastronómico” y “el funerario”. El gastronómico, es obvio: porque los seres humanos nunca vamos a dejar de alimentarnos. Y el funerario, no es tan obvio pero igual de efectivo, porque negocia con los sentimientos de las personas. Y cuando una persona siente más, es cuando menos razona. Tocan el corazón del enlutado, aludiendo que su difunto “merece” un buen cajón, una buena sala funeraria, un buen nicho en el cementerio o una buena parcela en un parque. Las florerías también pueden sacar una buena tajada. El muerto debe tener las mejores flores, las coronas más caras. Si es un pariente lejano o un simple conocido, mejor; ya que debe quedar bien con la familia del difunto. De esta manera, entre funeraria y florería, terminamos gastando para el ser querido muerto todo lo que no le regalamos en vida. Sin contar el gasto que continuamos haciendo cada año, cuando visitamos el cementerio.
Las fiestas de navidad y año nuevo: ya comenté algo en la nota anterior. Por lo tanto, no voy a cansarlos con la repetición. Solo menciono de pasada: la congestión en el tránsito y en el centro los días 23 y 30 de diciembre (como si los locales comerciales atendieran únicamente esos dos días). Los niños con sus pedidos insaciables: si no es la play o la bici, el regalo no es regalo. Los atracones que nos pegamos el 24 y 31 a la noche, cómo si fuese nuestra última cena. ¿Y el gasto que hacemos en decoración? Nos pasamos un mes montando el arbolito, para luego desarmarlo en un día.
Llevar los apuntes o la notebook a las vacaciones: yo les llamo “calma conciencia”. En realidad está muy bueno el sistema. Porque si nos queremos ir de vacaciones y sabemos que tenemos que estudiar o trabajar, es simple: llevamos los apuntes o la notebook, y listo. Puede haber excepciones, pero por lo general nunca los utilizamos. Al menos, logramos el principal desafío: aplacar la voz de la responsabilidad. ¿O de verdad pensaste que alguna vez los ibas a utilizar?
Endeudarse por una fiesta de casamiento: ¿no te parece un poco absurdo solicitar un préstamo de $20.000 o $30.000, para gastarlos en una noche, en una fiesta de cinco horas? ¿No te parece más absurdo aún pasar los próximos tres o cuatro años de tu vida ahorrando para saldar la deuda? Para sumarle un valor agregado a lo que vengo diciendo: pensemos que estas fiestas se hacen con el objetivo de compartir con los seres queridos, y disfrutar la alegría con ellos. ¿Será que nos puede costar tan caro, “compartir” una alegría?
Correr cuando llueve: ¿te pusiste a observar alguna vez las reacciones de la gente cuando llueve? Es muy divertido. Hay diferentes actitudes. Pero la que a mi me llama poderosamente la atención es la de aquellas personas que corren bajo la lluvia para llegar más rápido a casa, cuando ya empezó a llover. ¿Pensarán que se mojan menos?
Retocar la foto del currículum con Photoshop: es verdad que la primera impresión es la que cuenta. Pero… ¿cuánto podremos cambiarnos después, cuando nos llamen para la entrevista personal? ¿Lograremos quedar igual que en la foto? Creo que estamos perdidos (no por lo feos, sino por lo poco creíbles). A menos que seamos muy buenos con el uso de la palabra, y logremos remontar la entrevista con ese recurso.
Las bebidas Light con comidas pesadas. O las dietas sólo a base de comidas Light: ésta es una de las actitudes que me resulta más absurda. Tengo un conocido que, cuando va a comer a un restaurante, pide una buena pasta, una pizza o una parrillada; y de bebida: coca Light. No vamos a entrar ahora en la discusión de que si las comidas Light son realmente Light. Pero volviendo al tema, esto es lo que me parece más sensato: si vamos a cuidarnos, nos cuidemos en serio. No por tomar la bebida o comer el postre Light vamos a lograr grandes diferencias. Y si disfrutamos, disfrutemos con todas las de la ley. Esas medias tintas son algo que no puedo entender. Lo mismo para las dietas: si nos matamos de hambre para adelgazar, todo bien. Ahora, si comemos la misma cantidad de siempre pero con comida light, dudo que obtengamos los resultados deseados. Y sumado a ello, nos torturamos el doble de tiempo. Nota: perdón por arruinar tu publicidad mayonesa BC. ¿Vieron esa propaganda?
El té de hierbas después de un asado: este es un “aplaca conciencias” parecido al de los apuntes. Si bien algo ayuda una infusión para acelerar la digestión, no puede hacer milagros. Y si nos comimos una tira de costelestas solos, no pretendamos que un tesito nos deje como nuevos en cinco minutos.
Las ofertas de “Sprayete”: no hay mucho para decir. Alcanza con saber que muchos de nosotros terminamos creyendo en esto de “las mejores novedades”… ¡¡y las compramos!!
Realizar TODAS las compras a crédito: algunos creemos que las compras a crédito son el mejor invento de todos los tiempos. Claro, pensándolo rápidamente, es un tremendo alivio. Podemos comprar lo que querramos en cómodas cuotas. Sólo pagamos un importe mensual. La pregunta es: ¿nos pusimos a pensar si son tan cómodos los intereses?, ¿o lo que puede suceder si algún día no tenemos el respaldo económico para afrontar esos créditos? Que no quepan dudas que, con la misma soltura que la empresa nos ofreció el beneficio, iniciará la demanda judicial.
Llevar el matafuego en el baúl: si el auto se está incendiando, ¿te dará el tiempo para salir del vehículo, abrir la cerradura, sacar el matafuego y apagar las llamas?
El cartel “cuidado con el perro”: la primera vez que vi este cartel, me quedé observándolo un rato. Si es para los niños está buena la advertencia. Pero si es un anuncio para evitar robos… Traté de ponerme en el lugar de los ladrones y me pregunté: ¿serán tan tontos para creer que si le ponemos ese cartel es porque hay un perro en la casa? Porque el razonamiento es lógico: si verdaderamente hay un perro feroz adentro, no hace falta poner un cartel; dudo que el ladrón pueda pasar de una asomada. O pasará y se llevará el susto. Ahora, pensándolo un poco más, quizás lo podemos colocar para evitarle un sobresalto al pobre ladroncito…
¿Y si en estos temas, mejor nos manejamos con el instinto? Porque me parece que con la razón no nos está funcionando.
Nos leemos…
DESIERTO NEGRO
Ya suman nueve los años de combate contra el fuego en las sierras cordobesas. Pero en el 2008 la lucha se intensifica. Las llamas no perdonan. Villa Verna, Ascochinga, La Cumbre, Jesús María, Salsipuedes, Capilla del Monte, Tanti, Carlos Paz Rio Ceballos y varias localidades del Valle de Punilla, ya sufrieron su calcinante poder.
Los datos alarman: más de 400 evacuados, 40 mil hectáreas quemadas. 45 dotaciones de bomberos, 20 autobombas y 3 hidroaviones, no dan abasto. Duele más cuando se piensa que muchos de los focos fueron provocados, que miles de personas sufren por una mano inconsciente.
Lunes 1 de septiembre. La ciudad de Córdoba amanece con un cielo rojo y un poco nublado. Pero las nubes son de humo y el tono rojizo no es precisamente por el sol del amanecer. Mucho calor. Autos y calles cubiertos de ceniza. Nadie sabe a ciencia cierta de dónde proviene, pero la realidad es que el polvo negro no cesa de aparecer. Las noticias hablan todo el día de lo mismo: tres focos de incendio provocados el domingo en las sierras cordobesas. Miles de hectáreas abrazadas por las llamas.

Un caso... entre cientos
Domingo 31 - Villa del Lago es un hermoso barrio de Carlos Paz, ubicado en el tramo que une esta ciudad con Tanti. Se encuentra sobre una colina que linda con el dique San Roque, repleta de casas residenciales, con enormes jardines y piletas de natación. Hace tres años Analía y Gustavo Pittau, una jóven pareja de 26 y 32 años, decidieron mudarse a esta tranquila localidad, admirando su bello paisaje y la paz que inunda el lugar.
Eran las diez de la mañana y la Flia Pittau desayunaba a orillas de la piscina. Mientras Analía le daba de comer a su beba de dos meses, Gustavo disfrutaba de la magnífica vista al lago. Ninguno de los dos sospechaba que, unas horas más tarde, el ritmo de este día tranquilo cambiaría rotundamente. Ella comenta al pasar: “lo único que me parecía irregular era que el día estaba muy caluroso y ventoso”.
Al mediodía llegaron de visita los padres de Gustavo. Hicieron un asado en el quincho, y se sentaron a compartir la sobremesa. De repente, comenzaron a ver un poco de humo en el ambiente, así que Gustavo se levantó para terminar de apagar las brazas que quedaron en el asador. “Pensamos que el humo venía de ahí”, comenta Analía. Pero el humo no se dispersaba. Así que subieron a la parte más alta del terreno y divisaron, que en el Complejo “El Pato” (a unos 3 km de la casa) se había generado una enorme columna de fuego. Pero como las llamas estaban lejos, supusieron que pronto serían controladas por los bomberos y bajaron a tomar unos mates. La mayoría de los vecinos aprovechó para hacer lo mismo, o dar una vuelta por el lago para mirar los veleros. El día se prestaba para pasear.
Como aún quedaba un poco de humo en el ambiente, Analía decide entrar unos minutos para resguardar a la beba. Eran como las cuatro de la tarde. “Cuando salgo - nos comenta-, mi marido estaba, aparentemente, regando el patio. Yo lo reté porque se iba a vaciar el tanque, le dije que no desperdicie agua; ignorando que el fuego ya estaba muy cerca”. Baja a buscar algo, y cuando sube de nuevo tenía las llamas en sus narices. “Estaba en la casa de al lado, ya no se podía respirar. Vi fuego en un matorral y mucho humo”. Nos comenta que el esposo le decía: “está acá, está acá”. Le dijo que se vaya, que saque a la bebé.
Como pudo, puso a su hija en el auto de la suegra y le pidió que se la lleve. “Bajé a buscar agua para llevarle a Gustavo, que estaba luchando para que el fuego no avance. Yo no entendía nada, fue todo tan de golpe… Cuando doy la vuelta veo que los bomberos estaban en mi patio”. En ese momento ella se da cuenta de la gravedad de la situación. Cerró la casa y se decidió a salir. Pero no encontraba el auto, no estaba por ningún lado. Desesperada comenzó a correr y en el camino se encontró con su suegro, que ya había sacado el vehículo de la vivienda.
“Fueron momentos de mucha confusión, nos agarró desprevenidos a todos”, nos cuenta Analía. “No se veía nada y la gente estaba desesperada. Una viejita entró en pánico, y gritaba a más no poder. Otra lloraba. La gente salía corriendo de las casas sin saber para dónde ir. Había personas desconocidas, que nadie descubría cómo habían llegado hasta allí. Más tarde nos enteramos que venían desde otros lugares para ayudar. Los perros ladraban, los nenes preguntaban (mientras tosían). Un propietario, un hombre extranjero de unos 40 años, parecía loco. Pedía que apaguen el fuego de su casa, que se incendiaba, estaba aterrorizado. Pero su casa no se estaba quemando”.
Para colmo de males, a los bomberos se les terminó el agua y la cooperativa que abastece al barrio había cortado el servicio unas horas antes (como suele hacerlo asiduamente, según comentarios de los lugareños). Los vecinos llamaban para reclamar y no había ni una telefonista que atendiese la llamada. El camión autobomba de refuerzo recién llegó cuando Analía estaba saliendo del lugar.
Entre un cielo de ceniza y un suelo de carbón…
Los damnificados permanecieron tres horas en el puente negro (a unas 15 cuadras de distancia), esperando novedades. Todos los pasos estaban cerrados. Analía no sabía que había pasado con su marido y comenzó a impacientarse. Así que, en un momento de distracción de los guardias tomó un atajo (junto a su suegra y su hija) e ingresó a su casa por otro camino que solo ella conocía.
Mientras tanto, Gustavo y su padre habían quedado apagando el fuego. Utilizaron la bomba de la piscina para sacar agua y ayudar a los bomberos.
20:00 hs. Se encuentran de nuevo en casa. Todo el pastizal de los alrededores estaba quemado: al costado, al frente, atrás. Habían logrado frenar las llamas justo antes de que lleguen a su propiedad.
Ya era de noche, decidieron descansar.
Lunes de mañana… El panorama en Carlos Paz era desolador. En la ciudad de Córdoba también. Ahora entendimos de dónde provenían el humo y las cenizas que vimos al amanecer.
“Estaba todo negro, todo destruido”, expresa Analía con tristeza. “A lo lejos se escuchaba la sirena de la policía. Después nos enteramos que se había reiniciado un foco, a consecuencia de unas brazas que quedaron prendidas”.
Cuenta que a las horas pudieron controlarlo, y las cosas volvieron a la normalidad. Si normalidad se le puede llamar a esta alfombra hecha de cenizas, a nuestras sierras convertidas en... un desierto negro.
Arbolito de Navidad... ¿símbolo de prosperidad?
¿Qué tenés que hacer esta noche?. No te ilusiones, no estoy organizando ninguna fiesta. Pero, si tu respuesta es "nada", tengo una propuesta para hacerte. Separá una hora de tu agenda. Mejor si es a la nochecita. La idea es que vayas a ver como quedó la Plaza España. La vas a encontrar diferente, más bonita. Bueno, se hace lo que se puede. No es tan fácil arreglar esas esquinas con cuatro bloques de cemento armado. Disculpen mi sinceridad. Sé que esa estructura tiene un significado histórico, geográfico, arquitectónico, el que fuese. Pero estéticamente hablando, pienso que no es de las plazas más bonitas de la ciudad. Bueno, este "espacio verde", eligió la Agencia Córdoba Turismo para levantar un árbol de navidad.
Lo inauguraron la noche del sábado 6 de diciembre. Utilizando de base las cuatro esquinas de hormigón, adornadas cómo si fuesen regalos navideños, se despliegan cientos de mangueras luminosas en forma de cono; sobre ellas cuelgan, otros cientos de focos esféricos. En la punta de los 36 metros que mide el árbol, una estrella navideña remata la decoración. En el acto de inauguración estuvieron presentes: el gobernador Schiaretti; el intendente Giacomino; monseñor Carlos Ñañez (represenatnte del episcopado); y el presidente de la agencia Córdoba Turismo, el señor Carlos Santos. Cantaron algunos villancicos y músicas nacionales: el coro de la FAMAF (Facultad de matemáticas, astronomía y física de la UNC), el coral Joseph María Castelló, el coro de la Facultad de Psicología de la UNC (Universidad Nacional de Córdoba), y el grupo coral Mauey. Además de estas presentaciones, hubo un show impresionante de fuegos artificiales. Todo un espectáculo.
La pregunta del millón (bueno, sería de los miles en este caso): ¿sabés cuánto nos costó a los cordobeses este "orgullito" del árbol? (si, ¿cuánto nos costó?, porque lo pagamos con nuestros impuestos). No te quedes corto, arriesgá un poquito más... más...más. 90.000 pesos. ¿Estás asombrado verdad?. Y esa es la cifra oficial. Al menos, así lo expresó Carlos Santos en diálogo con radio Mitre.
Ahora, mi problema es el siguiente: el árbol navideño, históricamente y en el lenguaje de los símbolos, significa prosperidad. Pero en este caso, no cierra la ecuación: árbol de navidad = prosperidad. A ver... pensemos cómo podría encajar. Si es por la prosperidad que estamos atravesando los cordobeses, y los argentinos en general...mmm no, por ahí no puede ser, imposible. Será porque después de armar este árbol, vamos a tener más prosperidad. Dudo, porque nos quedamos sin un mango, con lo que nos salió montarlo. Ah, ya sé. Si, veo que se te ocurrió lo mismo que a mí. La única prosperidad que puede surgir de esto es la que van a tener los funcionarios que lo organizaron. No vamos a explicar los pormenores acá, pero te insto a que utilices tu imaginación.

Fijate los argumentos presentados por el gobierno:
- Que el árbol de navidad nos encuentre a todos los cordobeses unidos bajo el mismo espíritu navideño. Respuesta: espíritu va a tener, dudo que navideño. Y sino, pregúntale a los trabajadores despedidos de la industria automotriz.
- Que una ciudad grande como lo es Córdoba, se debe dar el lujo de tener un árbol de navidad. R: el otro día trataban este tema en el programa radial de Rebeca Bortoletto (esta vez el chivo va gratis). Y me pareció muy sensata la opinión de la conductora: ¿por qué no hacer un árbol más barato? ¿Cómo?: buscando sponsors, reciclando, usando insumos más económicos, etc.
- Que es un atractivo turístico. R: con el mayor de los respetos, las luces pueden llamar la atención; pero dudo que las cifras de crecimiento turístico en la provincia vayan a incrementarse sobremanera por la "novedad del arbolito". Vamos... si nuestro fuerte está en las sierras.
- Que la inversión mayor es este año, porque luego se guardan los insumos del árbol para reutilizarlas en la próxima navidad. R: ¿tenía que ser justo este año, este inestable 2008, el de la inversión principal?
¿No podía utilizarse ese dinero para apaliar el hambre en las villas, ayudar a los despedidos de diciembre, arreglar los pozos de las calles, impedir los cortes de agua y luz, mejorar el transporte público, etc., etc., etc.? Sé que parecen frases armadas pero, ¿cuando se te rompe el cuerito de la canilla, salís a comprarte un 0km? (un poco burda mi comparación, pero rescaten la esencia... si pueden).
Voy a ser sincera. Personalmente, suelo ser bastante odiosa con las fiestas de fin de año. La verdad, no entiendo cómo una persona se mata trabajando 12 meses, para gastarse un sueldo entero y el aguinaldo en solamente dos días. Tampoco entiendo cómo se puede comer tanto de una vez. Parecen esos campeonatos yanquis donde juegan a ver quién come más en menos tiempo.
El centro se convierte en un hormiguero los días 23 y 30 de diciembre. Parece que la gente se pone de acuerdo para ir a comprar el mismo día, a la misma hora, y en el mismo lugar; que disfrutan de ese amontonamiento que no te deja respirar.
Y los chicos... si no reciben su regalo el 24 a las 12:00 hs. se les acaba el mundo. Y después: enseñarles que existe Papá Noel, para luego tener que explicarles que era mentira. Que pongan el pastito y el agua para los Reyes Magos, para decirles al otro día que los Reyes se retrasaron (porque los papás se quedaron dormidos).
Sé que el tema era el arbolito de la plaza España. Pero si ustedes no se enojan, me gustaría hacer una reflexión para esta navidad. Por favor, no hagamos lo mismo que aquellos a quienes criticamos. No pases esta navidad sin pensar en alguien que te necesita. Y esto ya no es frase hecha. No te digo que te acuerdes del hambre que pasan los niños del África, ni que mandes una encomienda para los pobres de la India. Pero podés pensar en alguna persona que está a tu lado, que necesita una mano, y que nunca te diste cuenta. Simplemente, porque no la miraste. Después de todo, la navidad es para celebrar el nacimiento de Jesús. Pero ese Jesús no nació entre fuegos artificiales y bombitas de luz fluorescentes. Vino al mundo en un establo. Podemos aprender algo de esa humildad. Pensalo.
Espero resumir un poco más en la próxima nota. Nos vemos (o leemos).
Se comienza por el primer paso
Lo estuve pensando mucho. Soy de esas personas que no arriesgan si no están seguras de que van a hacerlo bien. Hasta que un par de amigos me convencieron que es haciendo como se aprende, equivocándose como se crece, y dando el primer paso como se llega a destino.
Así que, acá estoy con mi página. Llámenlo "boceto" (garabato lo definiría mejor), "el comiezo", "primeros pasos"... o simplemente la locura de Patri, de escribir y compartir lo que piensa.
Les cuento algo: me gusta esto de las tecnologías digitales para el desarrollo del periodismo. Es cómo que a uno le sacan esos esquemas del estilo: "escribí en formato tabloide", "que tenga x caracteres", "hacele un primer plano", "repetí, que en el lenguaje radial es imprescindible la repetición". Me escuchan los profes de Comunicación y me matan. Pero está bueno igual pasarte cinco años estudiando reglas, para romperlas luego. Después de todo, no se puede criticar lo que no se conoce. Bueno, me estoy yendo por las ramas. Ah, y pensándolo bien, el formato virtual también tiene sus esquemas, sólo que todavía se pueden disimular bastante bien. Pero es tema para otro día.
Les decía esto de los esquemas, porque si hay algo que a mi me fascina es romper con los moldes. Y eso es lo que voy a intentar. Así que, cuando no entiendan nada de lo que escriba, simplemente me dicen: "Patri, pará la mano y poné un poco los pies en la tierra". Voy a tratar de escucharlos...no se los prometo.
PATRI